Homenaje-Memoria a los "mártires de Carbayín"

Este sábado, 25 de Octubre, la Organización de Siero del PCA organiza un acto de homenaje a los Mártires de Carbayín.

En la Fosa Común del cementerio de CARBAYÍN a las 12:00 horas.

Invita: Agrupación de Siero del PCA.


LA MASACRE DE CARBAYÍN. REVOLUCIÓN DEL 34.

LOS MÁRTIRES DE CARBAYÍN.

El día 5 de octubre de 1934 estallaba uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea no solo del Estado español sino del movimiento obrero internacional. El proletariado asturiano , tuvo el poder en sus manos durante quince días tras arrancarlo por la decisión de su lucha. Fue, como afirma David Ruiz, «la primera revolución socialista de la historia de España».

Octubre no surge de la nada. Luchas en Trubia, en la fábrica de cañones contra una reducción de plantilla. En abril, llega a haber 11.000 huelguistas en la cuenca minera . En mayo se suceden los mítines y manifestaciones. El 1 de septiembre el grupo femenino socialista de Sama de Langreo, apoyado por mineros, se manifiestan contra «la guerra y el fascio». Un represión posterior por una carga de caballos deja el balance de un muerto.

Al día siguiente estalla la huelga general por la cuenca minera y la Duro-Felguera. Continúan los conflictos y el día 8 y 9 se da una huelga general total ante la «visita» e intento de concentración de la derecha más reaccionaria encabezada por Gil Robles, en Covadonga.

Y llega la insurreccion de Octubre. 15 días de asalto a los cielos.

Razones para la derrota son varias Pero la fundamental es una razón política: El aislamiento de la insurrección en una sola zona del Estado.

La lucha de octubre no terminó en derrota definitiva gracias al proletariado asturiano. Sin su actitud decidida y heróica quizás hubiésemos presenciado una anticipación histórica similar a la de Chile en el 73.

El coste fue terrible. La venganza de los militares se cobró miles de vidas, la mayor parte de ellas en la represión brutal que siguió a la derrota; 7.000 heridos, 30.000 encarcelados y algunos miles más despedidos de sus puestos de trabajo. Hubo 40 penas de muerte, de las que se ejecutaron cuatro.

La derrota de la Comuna Asturiana se convirtió en un éxito parcial al impedir que triunfase el fascismo en el Estado español en 1934, tal y como sucedió en Alemania en 1933. Es la prueba viva de la existencia, aunque efímera, de la Democracia Obrera .

Carbayín:

Entre los centenares de detenciones que se realizaron en Asturias los días 20 y 21 de octubre, se producirían las de veinticuatro hombres que pasarían a la historia unidos bajo un nombre terrible “LOS MÁRTIRES DE CARBAYÍN”.

No les unía su militancia política: había socialistas, cenetistas, comunistas, obreros sin partido ni filiación sindical, un carnicero melquiadista, e incluso un maestro de la CEDA.

No les unía ni tan siquiera su participación en el pasado movimiento, que oscilaba entre la intervención activa en las milicias a la apatía, e incluso la oposición.

Estaban unidos por una absurda, irracional y terrible operación montada por algunos guardias civiles de la zona de Llangréu, que tenía como objeto vengar a sus compañeros caídos en el cuartel de Sama.

Las detenciones se habían producido por los motivos más nimios; desde la sospecha de su participación en el movimiento (el caso de la mayoría), hasta por el hecho de ser hijo de un militante detenido (el caso de Laurentino Meana, de 16 años); el de haberse encontrado en su escuela armas abandonadas por los revolucionarios (el caso del maestro cedista Tomás Centeno, de L’Agüeria Carrocera); el haber circulado por la ciudad a altas horas de la noche siendo detenido por una patrulla (el caso de Gerardo Noriega); el haber reñido con los guardias civiles días antes del movimiento a causa de un carnet de conducir (caso de Benjamín García, carnicero melquiadista), o el ser hijo de un dirigente minero (caso de Ángel Vallina, hijo de Herminio Vallina).

Las detenciones de estos 24 hombres se habían producido en el curso de los días 20 y 21 en Lada, Santana, Ciañu, La Escura, Vega, Torre Riba, Sama y La Felguera.

Habían tomado parte en su detención, al igual que en la de centenares más de hombres, soldados del Regimiento 32 y guardias civiles que condujeron a los detenidos al colegio de monjas de La Escura y al convento de Sama, habilitados como prisiones provisionales.

Varios de los detenidos habían sido golpeados en las prisiones, y se les había intentado sacar declaraciones que los incriminaren en los sucesos.

La noche del 24 de octubre, un alférez bilbaíno de complemento, que se encontraba a cargo del servicio rodado del Ejército en Sama, requisó un autocar nuevo a “Quico el cojo”, dueño de un servicio de transportes, al que rechazó como chófer, pues “se trataba de asuntos militares”.

A las dos y media de la madrugada, 24 hombres eran sacados de la prisión del convento de Ciañu, del Convento de Sama, y de los sótanos de la Casa del Pueblo de Sama.

Había sido seleccionados arbitrariamente por el cabo Recio, de L’ Entregu, que se había salvado durante la Revolución y quería cobrar en sangre la desaparición de sus compañeros; el sargento de la Guardia Civil Juan Ballesteros, el guardia Ramiro Sánchez y el teniente de Llanera Alonso de Celada.

La operación la dirigía personalmente Rafael Alonso Nart, hermano del fallecido capitán de la Guardia Civil de Sama, José Alonso Nart.

De la premeditación de la masacre, habla claramente el hecho de que un día antes la Guardia Civil hubiera cavado las fosas en los montes de La Curuxona y El Resellón, en las cercanías de Carbayín (cuando un vecino les preguntó que qué estaban haciendo, tras decirle que buscaban armas, lo despidieron a cajas destempladas).

Sumando los múltiples informes, se puede obtener una lista bastante aproximada de la identidad de esos 24 hombres:

  1. Benjamín García García, de Lada, 35 años, carnicero, melquiadista .
  2. Agustín Amil Feito, 24 años, de Torre Riba, barbero, del PC.
  3. José Meana Menéndez, laminador de la Duro Felguera, cenetista, 46 años.
  4. Laurentino Meana Rodríguez, hijo del anterior, 16 años.
  5. Eloy Vallina García, minero del Fondón, del PC, 30 años.
  6. Honorio Vallina, cenetista, minero de la Duro Felguera, 22 años.
  7. Faustino Freigedo, cartero de Sama, comunista, 38 años.
  8. Gumersindo Díaz Yáñez, minero de Sama y operador del Teatro Llaneza, socialista, 28 años.
  9. Tomás Centeno Moreno, maestro de L’ Agüeria Carrocera, miembro de la CEDA, 28 años.
  10. Manuel Fernández Suárez, minero de Ciañu, 23 años.
  11. José Mª Vega Martínez, chófer, comunista, 23 años
  12. Cándido Díaz Sánchez, cabo de municipales de Samartín del Rei Aurelio, 35 años.
  13. Alejandro García Castaño, guardia municipal de Samartín del Rei Aurelio, socialista
  14. Ángel Vallina Menéndez, minero de La Vega, 16 años.
  15. Celso Rodríguez Iglesias, de Blimea, 30 años.
  16. Ernesto Pérez “el Borrajo”, minero del Sotón
  17. Alejandro González (o Díaz), de Felechosa, minero.
  18. Dimas Yáñez, de Sama.
  19. Antero Valdés Peña, de La Felguera, trabajador de la Fábrica de Nitrógeno, cenetista, 28 años.
  20. Gerardo Noriega García, aserrador de madera, socialista, 29 años.
  21. Antonio Flórez (o Flores), minero de Sotrondio, 30 años.
  22. Ernesto Vázquez de la Fuente (Ernesto Arroyo, según algunos autores), minero, socialista, 25 años.
  23. José Montes.
  24. Laudelino García.

El que sólo fueran 24 lo determinó el tamaño de la camioneta, matrícula O-8999. Con las esposas puestas, los hombres fueron empujados a culatazos al interior. Se dijo a quien preguntó (no fueron muchos) que se haría un traslado de presos a Oviedo, en vista de que ya no cabían más elementos en las cárceles provisionales de Sama.

La camioneta hizo el viaje hasta La Curuxona (Carbayín); allí se hizo descender a los presos; a medida que bajaban se les fue amarrando con una cuerda.

Todavía se dice por Carbayín, que en la noche del 24, se escucharon algunos disparos; más tarde, sólo el aullido de los perros.

Manuel D. Benavides, ha dejado una macabra descripción de cómo se produjo el asesinato colectivo, formulada (según el autor) a partir del testimonio de uno de los asesinos.

Resumiendo el macabro informe, cuenta que se atacó a los hombres amarrados a golpe de machete y bayoneta en medio de la oscuridad; un guardia disparó en la sien a uno de los detenidos, sonaron varios disparos, la matanza creció en medio de los gritos. Los guardias que participaron en ella se enloquecieron.

Según el testimonio de Benavides, su informante cuenta:

“Nos dábamos miedo. Los gritos nos encorajinaban. Yo no sé; creo que no los hubiéramos matado a todos si no gritan. Pero había que rematarlos pronto para que se callaran. No se entendía lo que decían.”

En medio de la euforia de sangre, se siguió acuchillando a los cadáveres. Luego, se quitaron las esposas a los muertos y se cubrió de tierra la escombrera. Como no cabían todos se transportó a una segunda zanja en las cercanías del pozo Mosquitera a once de ellos.

A las 3 y media de la madrugada la camioneta volvía a Sama.

La desaparición de 24 hombres produjo una cierta conmoción entre los parientes de los asesinados, que hicieron averiguaciones para verificar si era cierto que habían sido trasladados a Gijón o a Oviedo.

Los informes de los vecinos de Carbayín llegaron a Sama y La Felguera dos días más tarde. Las mujeres de la familias de Amil, de los hermanos Vallina y de Freigedo, se lanzaron a las escombreras de Carbayín. Sólo hizo falta remover un poco para que apareciesen las huellas del asesinato colectivo.

Los guardias civiles de Carbayín sacaron de sus casas a varios vecinos, entre ellos a Ceferino Díaz Roces, y los hicieron desenterrar a los muertos.

Según los testimonios de la época, los cuerpos estaban mutilados, presentaban múltiples heridas de armas cortantes y algunas de bala; algunos cadáveres estaban irreconocibles: Gerardo Noriega tenía tres tiros en el pecho; José María Vega tenía el cráneo destrozado a martillazos; a Faustino Freigedo le faltaba un pedazo de cara. Por los gestos de algunos de los cuerpos se veía que habían sido enterrados aún en vida.

Cuenta Ceferino Díaz:

“Mi madre era muy religiosa, pero desde entonces, dejó de creer en Dios. Se veía que habían sido enterrados vivos algunos; tenían tierra en la boca. Mientras estábamos desenterrando, con la boca cubierta por un trapo porque el hedor era insoportable, comenzaron a llegar mujeres.

Vestidas de negro. Desde Carbayín a Laviana habían venido siguiendo el rumor de que se estaban sacando cuerpos. Se fueron colocando en las alturas que ondeaban la escombrera, y gritaban. Y los montes se iban llenando de ellas. No sé si la memoria me traiciona, pero entonces, pensé que eran miles.

Los cuerpos los trasladamos a la fosa común de Carbayín. Los civiles se negaron a que les entregáramos los muertos a los parientes.”

Ese mismo día, el Ministro de Obras Públicas informará que han sido muertos en los montes de Tuilla 27 guerrilleros, en un choque con las fuerzas de la Guardia Civil.

La investigación que se abre en junio de 1935 a raíz de las denuncias de los parientes de los muertos, y que es conducida por el teniente coronel Alonso Vega, que se encontraba en Sama con la columna Solchaga el día del asesinato, no produce resultado alguno.

Habla Ceferino Díaz:
“Estaba prohibido entrar al cementerio, pero dos noches después de haberlos enterrado, un grupo de jóvenes de Carbayín asaltamos un chalet en Valdesoto y robamos flores, muchas flores, y la llevamos allí, para cubrir la fosa común.”